3.12.10
Te Quiero
Como si fuese una estación, las palabras se fueron clavando en los días de su corazón.
Lágrimas resbalan por sus mejillas llegando hasta sus labios sellados y mientras las pestañas
mojadas le dificultaban la realidad de sus sentimientos, el vaho de sus pupilas
quería creer lo contrario. Tan de repente, decía entre sollozos.
Peor era aquella frustración en las palabras cortantes de él, tan tajantes y cariñosas al mismo tiempo. ¡Ay, me acabarás volviendo loca!,chillaban las yemas de sus dedos, que más que ágiles parecían estar estancadas, como se suponía que estaban ellos.
Su amor embotellado había naufragado en las costas del ártico, ¡que fría está su alma, mon amour!
Te quiero, pero a esto podemos jugar los dos, susurró.
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