De pronto comenzó a llover... la gente empezó a abrir paraguas
y a correr para no empaparse, pero ella siguió caminando al mismo
ritmo. En seguida, el flequillo mojado se escurrió sobre sus párpados y una gota de lluvía se colgó en uno de sus mechones hasta caer
en sus labios y morir en ellos.
Se apolló en una pared, cerró los ojos y pensó: Este es el momento
en el que todos sentimos que estamos vivos,
cuando dejamos de correr, de huír,
cuando disfrutamos lo que viene aún a riesgo de pulmonía.
Ven, empápate de vida que yo te escurro los besos que veo en tu mejilla...
Y si me muero, que sea con los pulmones llenos de amor.
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